11.1.26



Un segundo mágico


Hoy tuve necesidad de abordar un camión y cruzar una gran parte de la ciudad; hacía mucho que no me subía a uno.

Miraba por la ventanilla grandes bodegas, campos de futbol, un grupo de alumnos del Conalep que se empujaban alegremente. Mientras observaba todo esto, escuché el rasgueo de una guitarra; miré hacia el pasillo y vi a un anciano que, con voz melodiosa, empezó a cantar, mientras una señora muy alicuzadita pedía dinero en un vaso desechable.


Escuché la canción:


Por fin, ahora soy feliz,

por fin he realizado el amor soñado

en mi corazón…


Después cantó:


Cuando la luna se pone grandotota

como una pelotota

y alumbra el callejón…


Gavilán, gavilán, gavilán,

te llevaste mi polla, gavilán.


Recordé a mi mamá.

Estas canciones no son de mis tiempos; ya casi no se escuchan en la radio ni en la televisión, pero mi mamá las cantaba. Hice un esfuerzo por no llorar… seguí escuchando:


La pollita que más quiero…


Y entonces, en un segundo mágico y maravilloso, retrocedí muchos años en el tiempo y me vi de niña, jugando a la bebeleche, mientras mi mamá hacía un gran arco con el chorro de agua de la manguera, tratando de mojarme. Escuché mis carcajadas alegres, intentando evitar el agua.


Así como llegó la magia, así terminó.

Alguien dijo:


—Bajan.


El camión frenó bruscamente; volteé a ver dónde me encontraba y me bajé apurada.