11.1.26




Felicidad


Esta calurosa tarde de verano salimos a dar un pequeño paseo en carro y nos detuvimos a comer algo en el gran súper de mi colonia.

El calor es bochornoso y seco.


Nos sentamos en el exterior de la plaza, en una banca de fierro bajo un gran árbol.

Una señora ciega vende tamales sentada en la caliente banqueta; su cesta, limpísima, invita a comprar. Grita con voz grave:

—Tamales de caaaarne, de eloteeee, de piiiiña.


Mi hija saborea una paleta cubierta de fresa.

Mi hijo se deleita viendo cómo arranca una moto.

La pequeña come un tamal de carne.

Mi esposo tararea una melodía al compás de la tambora, marcando el ritmo con las llaves del carro.


Yo los observo extasiada. Disfruto su compañía con placer, mientras soporto el calor de las seis de la tarde.

Este momento luminoso llegó para quedarse: forma parte de las pequeñas cosas de mi vida que no quiero olvidar.