
Había en un gran aviario, una linda pareja de cacatúas ninfa. su plumaje amarillo pardo y la gran cresta en sus cabezas hacían el deleite de los niños que lo visitaban.
Desde el amanecer, el macho le cantaba a su reina; ella muy orgullosa del amor de su consorte, se dejaba cortejar. Al cabo de los meses tuvieron dos hermosos polluelos, Piolín de hermoso plumaje amarillo canario y Pelón de plumaje más oscuro y casi sin cresta; de ahí sus nombres. Crecieron en un ambiente agradable y lleno de amor. De caracteres muy distintos, pronto se distinguieron uno de otro; mientras que Piolín era arisco y sedentario, Peloncito era todo simpatía y travesura; al igual que su padre cantaba desde el amanecer, pero tenia otra cualidad: era un parlanchín incorregible; llegó el momento en que a todos aturdía con sus cantos; hasta muy entrada la noche Peloncito cantaba, cantaba, resoplaba y cantaba.
Un día llegó al aviario, una linda cacatúa llamada Princesa Bella, orgullosa y altiva; Piolin le dio la espalda indiferente pero su hermano cayó rendido de amor a sus pies. El primer día de estancia de Princesa Bella, Peloncito estuvo observándola a distancia, silencioso y precavido; ese día no cantò. Durante los días siguientes se limitó a observarla. Ella permanecía altiva y sabiéndose tan hermosa, ni se dignaba a mirar a su alrededor. Pronto tuvo la audacia de acercarse un poco más, Bella sólo se alejó unos centímetros, ésto le dio a peloncito agallas para acercársele, pero tan pronto lo hizó, así se separó por el fuerte picotazo que en la cabeza le propinó la orgullosa ninfa; pero esto no lo desanimó; preparó todo un repertorio de canciones y piruetas que su familia soportó con mucha paciencia; despertaba a todos con un tutituú-tutiuú-tutituú; a media mañana cambiaba a periquitoucurritou- periquitoucurritou; luego por la tarde hacia una combinación de tutituú-tutiuúcurritou, todo esto mientras se colgaba de cabeza y separaba ampliamente sus alas, daba pequeños brinquitos, movía la cabeza arriba y abajo o se mecía rápidamente de un lado a otro en un cortejo desesperado que Princesa Bella veía sumamente extrañada; a lo más que pudo llegar fue a hacerle piojito cuando ésta se sentía cansada.
Quiso el destino que a Peloncito lo cambiarán a la guardería, la parte del aviario donde estaban todos los polluelos. Muy dolido por su frustado amor, se consolaba con lo que más le gustaba hacer: cantar. Llegó dispuesto a olvidar a la bella ninfa ensayando otro tipo de melodías, que causaron gran regocijo en los polluelos; esto le dio a Peloncito una enorme satisfacción y se dispuso a preparar el gran coro del aviario; Pronto había más de dieciseis polluelos y un jovenzuelo dando piruetas en el aire mientras todos cantaban tutituú-tutiuúcurritou- tutituú-tutiuú-tutituú.




